Violencia de género

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DEFINICIÓN
En 1984 la ONU declaró “la violencia contra las mujeres como el crimen más numeroso del mundo” y en 1994 su Asamblea General definió la violencia de género como:
“todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tiene como resultado posible o real un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico en las mujeres, incluidas las amenazas de tales actos, la coacción o la privación de libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada”
La violencia contra las mujeres contenida en LA LEY (1/2004 de 28-12-04) DE MEDIDAS DE PROTECCIÓN INTEGRAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO comprende todo acto de violencia física o psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones, o la privación arbitraria de libertad, que produzcan los hombres respecto de las mujeres que sean o hayan sido cónyuges, pareja de hecho o novias.
No es exclusiva de una cultura, edad o clase social, sino que la sufren las mujeres de todos los países, tanto desarrollados como en vías de desarrollo, de todas las edades (niñas, mujeres jóvenes, adultas y de mayor edad) y de todas las clases sociales, las económicamente más poderosas y las más desfavorecidas. Se entiende como un atentado contra los derechos humanos, la libertad, la dignidad, la seguridad y la integración física y psíquica de la persona, y por lo tanto, un problema que se ha de denunciar.

CAUSAS DE LOS MALOS TRATOS
La violencia siempre tiene como base la desigualdad entre mujeres y hombres, cuyo origen está en la creencia de que hombres y mujeres son diferentes y ellos son superiores a ellas. Esta creencia forma parte del esquema de pensamiento y, por tanto, del comportamiento de las personas. Salvo casos aislados, la violencia no se da como consecuencia de trastornos mentales, sino por una combinación de factores históricos, culturales, sociales, institucionales y familiares.
Durante siglos, y hasta hace muy poco, se ha apoyado la idea de que el hombre es superior a la mujer y se ha educado a hombres y mujeres atribuyéndoles determinadas características y funciones diferenciadoras y desigualitarias simplemente por pertenecer a uno u otro sexo. Es lo que se conoce como roles de género, o roles masculino o femenino.

Rol masculino: Independiente. Trabaja fuera de casa. Mantiene a la familia. Independiente. Racional. Activo. Fuerte…

Rol femenino: Dependiente. Trabaja cuidando de la casa. Educa a los hijos. Sunisa. Impulsiva. Pasiva. Débil…

La identidad de género se adquiere prácticamente desde el nacimiento, a través del trato que se recibe en función del sexo y, posteriormente, a través de lo que se oye y se observa, tanto en la familia como en la sociedad (escuela, medios de comunicación…) Los estereotipos sientan las bases para el desequilibrio de poder, colocando al hombre en una situación de superioridad respecto a la mujer, la cual se ha visto obligada socialmente a desempeñar un papel secundario y de subordinación, creando así un verdadero caldo de cultivo para la violencia del hombre hacia la mujer. Además, en la familia se trasmiten modelos de comunicación y negociación, formas de resolución de conflictos, y de expresión de las emociones positivas y negativas. Eel modelo tradicional de familia se basa en una jerarquía en la que el hombre es quien tiene el poder, pues ha sido el encargado de trabajar y alimentar al resto de los miembros, que pasan a depender de él.

TIPOS DE VIOLENCIA
1.    Maltrato físico. Se refiere a cualquier acto de agresión física (bofetadas, empujones, patadas, puñetazos, quemaduras, intentos de estrangulamiento, empleo de armas, muerte)
2.    Maltrato psicológico. Desvalorizaciones (críticas y humillaciones, desprecio), gestos amenazantes (de violencia, de suicidio, de abandono, llevarse a los niños, gritos), restricciones (controlar las amistades, el dinero, las salidas fuera de casa), conductas destructivas (de objetos de valor económico o afectivo, maltrato de animales domésticos), culpabilizar a la pareja de las conductas violentas ejercidas por el agresor (“es que me pones nervioso…”) Resulta complicado de detectar, aunque a largo plazo crea secuelas psicológicas
3.    Maltrato sexual. Son las conductas relacionadas con el sexo que se imponen a la víctima contra su voluntad. Van desde el acoso, tocamientos, hasta la violación.
Normalmente se combinan varios tipos de abuso. La violencia psicológica es la única que puede aparecer aisladamente.

Los actos de violencia nunca son puntuales. Cada vez que se repiten, aumenta el grado de intensidad y la frecuencia con que tienen lugar. Suelen presentarse en tres fases:
1.    Acumulación de tensión. El estado de ánimo del agresor sufre cambios imprevistos y repentinos. Generalmente son reacciones agresivas ante su propia frustración, que encuentra una vía de escape en la persona que está a su alcance.
2.    Explosión de violencia. Se descarga la tensión acumulada, de diferentes maneras y con diversos grados de intensidad.
3.    Manipulación afectiva. Disminuye la tensión, el agresor pide perdón, promete no volver a repetirlo nunca más y reconoce su culpa. Sin embargo, estas promesas no duran y darán paso a una nueva fase de tensión.

CÓMO DETECTAR LA VIOLENCIA

Tu pareja ignora tus sentimientos con frecuencia. Ridiculiza o insulta a las mujeres en general. Utiliza su aprecio como premio. Te humilla en público o en privado. Te controla el dinero. Te aísla de tus familia y de tus amistades. Toma las decisiones. No le gusta que trabajes fuera de casa o, directamente, no te lo permite. Amenaza con abandonarte, echarte de “su” casa o hacerte daño a ti y/o a tu familia. Castiga o desatiende a los hijos. Amenaza con quitartelos en caso de que lo dejes.

Tú también te ves afectada por dichas señales, ya que tienes con frecuencia malestares físicos, como dolores de cabeza, de espalda, abdominal, o inespecíficos, insomnio, ahogos… Padeces ansiedad, confusión, depresión, sentimientos de culpa, problemas de autoestima… Y los más evidente ante los demás: lesiones en forma de magulladuras, erosiones, cortes…

No debes consentir absolutamente nada. La primera bofetada o la primera falta de respeto son señales que deben ponerte sobre aviso. Pero ten cuidado si percibes que los incidentes violentos se vuelven más frecuentes, las lesiones físicas o las consecuencias emocionales son cada vez más serias  y graves, cuando él minimiza la gravedad de sus actos. Estos indicadores son los más preocupantes:

Reacciones anteriores del agresor ante tentativas de ruptura.
Posesión de armas o antecedentes penales por conducta violenta.
Primera tentativa de ruptura firme o primera denuncia.
Amenazas del agresor: descripción de la acción de maltrato.
Cuando la mujer manifiesta al agresor su propósito de abandonarlo o de poner fin a su convivencia, o se encuentra en proceso de finalizarla.
Cuando el agresor quebranta/incumple una posible orden de protección o alejamiento obtenida por la mujer.

ANTE UN ATAQUE VIOLENTO

Si puedes salir, acude inmediatamente a la guardia civil o a la policía.

En caso contrario, ten a mano sus teléfonos. Haz todo el ruido posible para que te oigan los vecinos, si alguien conoce la situación, convén alguna señal para que llamen a la policía en caso de necesidad. Anota las situaciones de violencia que sufras (fechas, qué ocurrió, partes médicos y denuncias si los hubo) y guarda todas las pruebas que puedas (los mencionados partes y denuncias, ropa rota, objetos destruidos…)

Enseña a tus hijos a conseguir ayuda y a protegerse cuando comiencen los ataques.

TRAS LA SEPARACIÓN

Cambia inmediatamente la cerradura y tus números de teléfono. Procura realizar todos los cambios posibles en tu vida: horarios, rutinas, lugares que frecuentas… Informa de tu situación al vecindario, familiares, en el trabajo… puede estar esperándote en cualquier sitio. Denuncia ante cualquier amenaza o acoso.

Desgraciadamente, la experiencia nos muestra que estas medidas no siempre son efectivas. Pero al menos, no se lo pongas fácil.

DERECHOS LABORALES
La legislación vigente garantiza a las mujeres víctimas de malos tratos una serie de derechos laborales con la finalidad de que puedan conciliar sus obligaciones laborales con sus necesidades de protección y recuperación.
Para acceder a estos derechos, es necesario acreditar la situación de violencia mediante la sentencia por la que se condene al agresor, la orden de protección o, excepcionalmente y hasta que se dicte ésta, mediante informe del fiscal que indique la existencia de indicios de que la mujer está sufriendo malos tratos.
Derechos de las trabajadoras por cuenta ajena
•    Reducción de jornada laboral, que conlleva una reducción del salario en la misma proporción.
•    Preferencia en el cambio de centro de trabajo con reserva del puesto de trabajo durante los 6 primeros meses.
•    Suspensión de la relación laboral con reserva del puesto de trabajo durante 6 meses y que se podrá prorrogar hasta un máximo de 18 meses, teniendo derecho a las prestaciones por desempleo.
Derechos de las trabajadoras por cuenta propia
•    Si tienen que cesar su actividad para hacer efectiva su protección, no están obligadas a cotizar durante un período de 6 meses, que se considerarán como cotizados a efectos de las prestaciones de la Seguridad Social.

Hombres. La nueva masculinidad

Hasta hace relativamente poco tiempo, la sociedad ha tenido un marcado carácter patriarcal y andro-centrista.  Pero los roles y valores que nuestra cultura asignó hace siglos a hombres y mujeres ya no son válidos. Las mujeres hemos ido liberándonos de ataduras, buscando nuestro lugar en el mundo, no siempre con el mismo acierto, pero sin detenernos en nuestra propia búsqueda. Perdimos un poco el rumbo cuando quisimos demostrar que somos iguales que el hombre asumiendo sus características, tanto las positivas como las negativas. Empezamos a comportarnos como ellos y no nos dimos cuenta que estábamos cayendo en una trampa que nosotras mismas habíamos tejido. Porque para  ser como los hombres tuvimos que renunciar a nuestra feminidad. Incluso nos alegramos de tener una píldora que nos arrebata nuestra verdadera esencia: la menstruación. Y nos odiamos unos días al mes por ser mujeres, porque eso nos dificulta conseguir el estilo de vida y la productividad que un hombre puede cumplir al no sufrir esos cambios. En los últimos tiempos nos vamos dando cuenta del daño que nos hace eso: nos obliga a luchar contra nuestros cuerpos, nos envenena el alma y nos convierte en lo que no somos. Afortunadamente, cada vez está más clara y más extendida una visión más realista: somos MUJERES. Tenemos muchas cosas de las que enorgullecernos, mucho por lo que alegrarnos. Y debemos estar en pie de igualdad junto con el hombre, pero no en su sitio. El mundo lleva muchos siglos dirigido por fuerzas masculinas. No sigamos por ese camino. Debemos restablecer el equilibrio y aprender a integrar lo masculino y lo femenino para sanar, a nosotras, al hombre y al mundo.

¿Y qué ha pasado con ellos en todo este tiempo? El hombre ha temido el poder femenino y ha intentado aplastarlo desde tiempos inmemoriales, aunque reconozco que  peco de generalización, porque siempre han existido hombres maravillosos que han querido a la mujer tal y como es, aceptándola como su compañera y su igual. Todo eso está cambiando. Pero al igual que las mujeres hemos ido bandazos intentando encontrar nuestro camino y nos hemos metido en callejones sin salida porque teníamos que tantear por dónde tirar y cómo actuar para nuestra liberación, el hombre moderno se encuentra en una situación similar. Podemos hablar de una nueva masculinidad en la que el hombre necesita reencontrar sus valores auténticos, liberándose él también de los problemas que ha causado la polarización hacia lo masculino que hemos vivido de una forma tan exagerada durante demasiados siglos ya.

Las mujeres tuvieron (y seguimos teniendo) mucho trabajo que hacer, nuestra lucha aún no ha terminado. Pero el hombre  se encuentra ahora en un punto nuevo y desconocido para él, intentando adaptarse a la nueva realidad, y muchos de ellos sin saber cómo hacerlo. Los valores y actitudes en los que ha sido educado no son válidos ahora, pero tampoco se le ha dado una guía para “actualizarse”. A esto se añade el problema de que la mujer también se enfrenta a su componente interno masculino, al que acusa de todos sus males.

Hombres y mujeres hemos resultado dañados a lo largo de la historia, aunque nosotras nos hemos llevado la peor parte. Hagamos las paces y trabajemos juntos para lograr la plena integración y ser, simplemente, HUMANOS.

Esta soy yo

Elena

Elena

Advanced Moon Mother formada por Miranda Gray, Terapeuta Esencial y Master en Flores de Bach por el Centro Edward Bach de Madrid, EFT, Maestra de Reiki Usui Tibetano.

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Mujer de Luna

Esta aventura comenzó como Historias en Espiral, una nube de textos que se entretejían formando un viaje hacia el interior. Se transformó en Mujer de Luna cuando el viaje se llenó de energía y esencia femenina conectada con la Luna y nuestro útero. ¿En qué estación del viaje estás tú?

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