Cántame, mamá

Cántame, mamá

Tu voz es una herramienta poderosa. No te preocupes si no sabes cantar: el sonido de tu propia voz es la melodía más dulce para tu bebé.
El cerebro humano en fase prenatal es capaz de aprender sonidos, por lo que los bebés expuestos a unos sonidos determinados en la etapa fetal conservan una memoria inconsciente de los mismos justo después de nacer. Posiblemente el primero sea la voz de la madre. El recién nacido es capaz de reconocer su voz y diferenciar el idioma materno frente a otros. A partir de la semana 20 de gestación, el bebé empieza a reconocer la voz de su madre, capta su intención comunicativa y le responde con movimientos. A partir de las 24 semanas ya puede escuchar los sonidos procedentes del exterior.Esto es posible gracias a mecanismos sensoriales y cerebrales que se desarrollan en el útero. El bebé escucha a su madre y recuerda el tono de voz y los sonidos de su idioma. Pero los beneficios no se refieren sólo al aprendizaje. La voz de la madre, como explica la neurociencia, tiene un efecto tranquilizador y calmante sobre su cría. Al escucharla hablar, el cerebro del bebé evoca el recuerdo de las sensaciones placenteras producidas por la hormona de la oxitocina, la del amor y la felicidad, al mismo tiempo que neutraliza el cortisol, la hormona del estrés. El placer que siente la madre al cantarle a su bebé se convierte en un estímulo emocional para el feto que se traduce en un elemento protector para su sistema neurológico e inmunitario en desarrollo.
Los sonidos, especialmente la voz materna, que llega desde dentro, son vibraciones que llegan al bebé mediante las ondas generadas en el líquido amniótico, que lo masajean y estimulan. La piel recibe esta especie de caricias y las transforma en sensaciones, las selecciona y las revive cuando se vuelve a encontrar con el mismo estímulo sonoro.
Recientes investigaciones sobre la salud perinatal recalcan la gran importancia del bienestar materno para el desarrollo saludable del bebé. Por ello, es interesante conocer el poder de la música, el sonido y la voz como herramientas para contrarrestar cualquier malestar, ya que restablece la calma y crea alegría. Al cantar se liberan endorfinas que contagian al bebé, produciendo placer en él. La música relajante limita los efectos negativos provocados por el estrés y procura bienestar físico y emocional. Doctores como Frédérick Leboyer y Michel Odent, prestigiosos obstetras defensores del nacimiento sin violencia, consideran el canto como un pilar fundamental para la preparación al parto y al nacimiento.
Las mujeres del sur de la India emplean una antigua disciplina de vocalización y meditación para acompañar todo el proceso de la maternidad, que se llama Canto Carnático. Este conocimiento fue introducido en Europa por el ya citado Dr. Leboyer en los años 80. Consiste en una serie de vocalizaciones acompañadas de una respiración profunda al compás de la música rítmica y repetitiva de un instrumento de cuerda llamado tambura que se realiza preferiblemente desde el comienzo del embarazo. Al pronunciar los sonidos de las vocales de forma repetida, se toma conciencia de la respiración abdominal. La vocalización en el momento del parto es una gran ayuda para facilitar la dilatación, sostener el trabajo de parto y gestionar la intensidad o el dolor de las contracciones. Por otra parte, el canto ayuda a suavizar o eliminar los posibles bloqueos psico-emocionales, así, el cuerpo se abre más fácilmente.
Aunque este es uno de los empleos más interesantes del Canto Carnático, no es su única aplicación. De hecho, es un camino para la búsqueda interior hacia una toma de conciencia más profunda de nuestro ser. Vocalizar junto con una respiración abdominal profunda y un acompañamiento musical nos introduce en un estado meditativo. Por lo tanto, también lo pueden practicar los hombres.

Durante el embarazo, la voz y el canto ayudan a establecer el vínculo prenatal y a relajarse, lo que reduce la ansiedad. Enseñan a respirar de forma consciente y a tomar conciencia del periné. Durante el parto, propician la distensión de los músculos del periné, el útero y el canal vaginal y fomentar la liberación de endorfinas. En el posparto, facilitan el establecimiento de un apego seguro con el bebé, que reconoce la voz de su madre, y le ayuda a serenarse en los momentos de llanto o malestar y en el momento de dormir.
Así que no te olvides: CANTA

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