¿Feliz? Día ¿Internacional? de la Mujer

¿Feliz? Día ¿Internacional? de la Mujer

Empiezo a estar harta de tanta felicitación. Lo primero porque no me parece que sea un día feliz. Y mucho menos, internacional.
Hoy no nos reunimos las mujeres para regodearnos de lo altas, guapas e inteligentes que somos. Hoy recordamos con tristeza y horror a las 146 mujeres muertas y las 71 heridas en el incendio de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York. Mujeres dedicadas a trabajar 9 horas diarias por un sueldo insignificante, la mayoría, jóvenes e inmigrantes. Mujeres con escasos derechos que empezaban a removerse y a reivindicar algo más. Mujeres que eran encerradas durante las horas de trabajo para que no organizaran ninguna revuelta ni salieran a la calle a manifestarse, y que por eso no pudieron escapar del incendio. Y murieron encerradas, quemadas, gracias a la visión previsora del dueño de la empresa. A partir de esa desgracia, se realizaron cambios legislativos en las normas de seguridad y salud laboral y se creó el Sindicato Internacional de Mujeres Trabajadoras Confeccionistas. Dos grandes pasos surgidos de una gran desgracia. ¿Es motivo de felicitación? Más bien, de homenaje, digo yo.
Tampoco me parece un día “internacional” cuando hay tantos cientos de países en los que la mujer sigue siendo ninguneada, golpeada, violada, explotada, secuestrada, azotada, mutilada, asesinada impunemente. Cuando aún siguen muriendo mujeres (y hombres) en cochambrosas fábricas de ropa en países pobres donde los dueños de las cadenas de ropa pagan menos impuestos y, por supuesto, menos sueldos, para que así sus cuentas se llenen más y sus beneficios sean cada año mayores. ¡Qué orgullo salir en la lista de los hombres más ricos del mundo! ¿verdad?
Dejad de felicitarme por este día y salid a la calle a manifestaros, mirad a vuestro alrededor para poder denunciar cualquier abuso… Actuad.
Creo que este es otro de esos días que tuvieron sentido, pero que actualmente se ha convertido en una fecha más para felicitar a mis amigas, a mi madre, a mi cuñada. Pues no, es un día más, como otro cualquiera, en el que tenemos que seguir luchando por nosotras y por nosotros, por nuestras compañeras, por las que vendrán. Y dejarnos de enviar postales monísimas llenas de flores, corazones y Mafaldas. Como mucho, tener un recuerdo especial por todas las mujeres que se dejaron el cuerpo, el alma y muchas veces hasta la vida, tratando de mejorar el mundo. Y un profundo agradecimiento a todos aquellos hombres que se saltaron las convenciones sociales de la época y los machismos trasnochados para acompañarlas, ofrecerles su apoyo y luchar junto a o un paso por detrás de ellas.
Que hoy, mañana y siempre sean el Día de la Mujer, para que no olvidemos lo que nos queda por hacer.
DerechosMujer

HOMBRES CON CÁNCER DE MAMA

HOMBRES CON CÁNCER DE MAMA

El cáncer de mama (o cáncer de seno) se produce en los tejidos de la mama, generalmente en los conductos que llevan la leche al pezón o en las glándulas de la zona. Aunque el número de hombres afectados por esta patología es casi anecdótico (apenas uno de cada cien diagnósticos), también ellos pueden padecer esta enfermedad. El problema es que toda la información existente y los tratamientos son para mujeres, no hay nada pensado para los hombres, por eso, es normal creer que nunca les va a pasar algo así.
Se detecta en hombres, por lo general, mayores de 60 años, pero, como ocurre en el caso de las mujeres, su incidencia está en aumento. Se consideran factores de riesgo la edad, los antecedentes familiares, las mutaciones genéticas hereditarias, la exposición frecuente a ciertos productos químicos, radiaciones o calor intenso, la obesidad, los problemas hepáticos, el alcoholismo o haber sufrido otro tipo de cáncer. Todos estos elementos pueden influir en los niveles de hormonas masculinas y desatar la enfermedad. Ahora bien, muchos de los hombres que la han desarrollado no presentaban factores de riesgo.
El tratamiento en ambos casos es similar y, si el cáncer se diagnostica en un mismo estadio, también la supervivencia. El problema es que los casos masculinos suelen detectarse, casi siempre, en un estadio más avanzado del proceso, ya que las alertas y los sistemas de prevención, con revisiones periódicas y mamografías, están orientados a las mujeres. La consecuencia es que los varones, a diferencia de las mujeres, rara vez se revisan el pecho y si perciben un primer síntoma (una protuberancia indolora, supuración del pezón con posibilidad de sangre, retracción del mismo, ulceración en la piel…) no sospechan la naturaleza del problema ni acuden al especialista de inmediato.
Para concienciar acerca de este tema, Oliver Bogler, investigador de tumores cerebrales y enfermo de cáncer de mama, se puso en contacto con el fotógrafo David Jay, autor del Scar Project (Proyecto Cicatriz), una serie de reportajes fotográficos en los que posan como modelos mujeres afectadas por esta enfermedad, enseñando sus cicatrices con el afán de visibilizar y sensibilizar a la sociedad. A Bogler le pareció que faltaba una parte de la realidad, la masculina, y ambos pusieron en marcha el Male Scar Project (Proyecto Cicatriz Masculino)
También existe un documental en proyecto titulado Times like these, a story of men with breast cancer (Tiempos como estos, una historia de hombres con cáncer de mama), en el que Bogler junto con otros hombres como Brett Miller o William Becker pretenden contar su historia y subrayar que muchos de los tratamientos disponibles están diseñados para mujeres y no son tan efectivos para los hombres, así como ayudar a otros hombres en su misma situación.
Podría escribir más sobre esto, pero nada mejor que la información de estos enlaces:
http://www.cancer.gov/espanol/tipos/seno
http://thescarprojectblog.com/tag/male-breast-cancer/
http://malebreastcancerblog.org/2013/05/05/launching-the-scar-project-male-breast-cancer-by-david-jay/
http://www.davidjayphotography.com/Image.asp?ImageID=1940661&apid=1&gpid=1&ipid=1&AKey=QNZ9HFXP

Desafío a la vejez (Gioconda Belli)

Desafío a la vejez (Gioconda Belli)

Cuando yo llegue a vieja
-si es que llego-
y me mire al espejo
y me cuente las arrugas
como una delicada orografía
de distendida piel.
Cuando pueda contar las marcas
que han dejado las lágrimas
y las preocupaciones,
y ya mi cuerpo responda despacio
a mis deseos,
cuando vea mi vida envuelta
en venas azules,
en profundas ojeras,
y suelte blanca mi cabellera
para dormirme temprano
-como corresponde-
cuando vengan mis nietos
a sentarse sobre mis rodillas
enmohecidas por el paso de muchos inviernos,
sé que todavía mi corazón
estará -rebelde- tictaqueando
y las dudas y los anchos horizontes
también saludarán
mis mañanas.
Gioconda Belli

La madre de los niños del Holocausto. Irena Sendler

La madre de los niños del Holocausto. Irena Sendler

Sendler nació el 15 de febrero de 1910 en Otwock, al sur de Varsovia, adonde se trasladó con su familia. Era hija única. A los siete años vio morir a su padre, médico, de tifus. Se había contagiado empeñado en atender a los pobres, los más afectados por la epidemia, muchos de ellos judíos. “Aunque no sepas nadar, si ves a alguien que se ahoga, lánzate a salvarlo”, le dijo poco antes de morir. Así, aprendió que lo más importante es el amor y la compasión por el ser humano, sin distinciones. En sus propias palabras, «la razón por la cual rescaté a los niños tiene su origen en mi hogar, en mi infancia. Fui educada en la creencia de que una persona necesitada debe ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o su nacionalidad.»

Cuando Alemania invadió  Polonia en 1939, Irena era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia, que llevaba los comedores comunitarios de la ciudad. Allí trabajó incansablemente para aliviar el sufrimiento de miles de personas tanto judías como católicas. Gracias a ella, estos comedores no sólo proporcionaban comida para huérfanos, ancianos y pobres sino que además entregaban ropa, medicinas y dinero.

En 1942 los nazis crearon un gueto en Varsovia e Irene, horrorizada por las condiciones en que se vivía allí, se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos, Zegota. Ella misma cuenta: “Conseguí, para mí y mi compañera Irena Schultz, identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas. Más tarde tuve éxito en conseguir pases para otras colaboradoras. Como los alemanes invasores tenían miedo de que se desatara una epidemia de tifus, toleraban que los polacos controláramos el recinto.”

Cuando Irena caminaba por las calles del gueto, llevaba un brazalete con la Estrella de David, como signo de solidaridad y para no llamar la atención sobre sí misma. Pronto se puso en contacto con familias a las que les ofreció llevar a sus hijos fuera del gueto. Pero no les podía dar garantías de éxito. Era un momento horroroso, debía convencer a los padres de que le entregaran a sus hijos y ellos le preguntaban: “¿Puedes prometerme que mi niño vivirá?”. ¿Qué se podía prometer cuándo ni siquiera se sabía si lograrían salir del gueto? Lo único cierto era que los niños morirían si permanecían en él. Las madres y las abuelas eran muy reticentes a entregar a sus niños, algo absolutamente comprensible pero que resultó fatal para todos. Algunas veces, cuando Irena o sus chicas volvían a visitar a las familias para intentar hacerles cambiar de opinión, se encontraban con que todos habían sido llevados al tren que los conduciría a los campos de la muerte.

A lo largo de un año y medio, hasta la evacuación del gueto en el verano del 42, consiguió rescatar a más de 2.500 niños por distintos caminos: ella y sus colaboradoras (casi todas eran mujeres) sacaban a los niños, a veces de meses, escondidos en sacos, en cajas, bajo la camilla de las ambulancias, hasta en ataúdes. Los mayores salían por las alcantarillas, por agujeros en los muros o aprovechando una iglesia que quedaba mitad en el gueto y mitad en la “zona aria”. Les enseñaba unas plegarias católicas, y entraban por una puerta como niños judíos, y salían por la principal como chavales católicos.

Irena vivía los tiempos de la guerra pensando en los tiempos de la paz. Por eso no le alcanzaba con mantener con vida a esos pequeños. Quería que un día pudieran recuperar sus verdaderos nombres, su identidad, sus historias personales, sus familias. Entonces ideó un archivo en el que registraba los nombres de los niños y sus nuevas identidades.

Los nazis supieron de sus actividades. El 20 de octubre de 1943, Irena Sendler fue detenida por la Gestapo y llevada a la infame prisión de Pawiak donde fue brutalmente torturada. En un colchón de paja encontró una estampita ajada de Jesús Misericordioso con la leyenda: “Jesús, en vos confío”, la conservó consigo hasta el año 1979, momento en que se la obsequió a Juan Pablo II.

Aunque era la única que sabía los nombres y las direcciones de las familias que albergaban a los niños judíos, soportó la tortura y se negó a traicionar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños ocultos. Le quebraron los pies y las piernas. Pero nadie pudo quebrar su voluntad. Fue sentenciada a muerte. Mientras esperaba la ejecución, un soldado alemán se la llevó para un “interrogatorio adicional”. Al salir, le gritó en polaco “¡Corra!” Al día siguiente halló su nombre en la lista de los polacos ejecutados. Los miembros de Zegota habían logrado detener la ejecución sobornando a los alemanes. Irena continuó trabajando con una identidad falsa.

En 1944, durante el Levantamiento de Varsovia, colocó sus listas en dos frascos de vidrio y los enterró en el jardín de su vecina para asegurarse que de llegarían a las manos indicadas si ella moría. Al finalizar la guerra, Irena misma los desenterró y le entregó las notas al Doctor Adolfo Berman, el primer presidente del Comité de salvamento de los judíos sobrevivientes. Lamentablemente la mayor parte de las familias de los niños había muerto en los campos de concentración nazis. En un principio los chicos que no tenían una familia adoptiva fueron cuidados en diferentes orfanatos y poco a poco se los envió a Palestina.

Los niños sólo conocían a Irena sólo por su nombre clave “Jolanta”. Pero años más tarde cuando su foto salió en un periódico tras ser premiada por sus acciones humanitarias durante la guerra, un hombre, un pintor, la llamó por teléfono y le dijo: “Recuerdo su cara. Usted es quien me sacó del gueto.” Y así comenzó a recibir muchas llamadas y reconocimientos.

En 1965 la organización Yad Vashem en Jerusalén le otorgó el título de Justa entre las Naciones y se la nombró ciudadana honoraria de Israel. El comunismo silenció su labor porque, además de antinazi, también era anticomunista. Pero en noviembre de 2003 el Presidente de la República, Aleksander Kwasniewski, le otorgó la más alta distinción civil de Polonia: la Órden del Águila Blanca.

Murió el  12 de mayo de 2008, después de haber sido propuesta para el Premio Nobel de la Paz, galardón que finalmento obtuvo Al Gore. Se rodó una película sobre su vida “Los niños de Irena Sendler”, también titulada como “El corazón valiente de Irena Sendler”.  El guión está basado en el libro de Anna Mieszkovskoy “Madre de los niños del Holocausto – la historia de Irena Sendler” .

Siempre renunció a verse como una heroína, y se sentía mal por ser la última superviviente de los pocos católicos polacos que ayudaron a los judíos en la invasión nazi: “Merecían los homenajes tanto o más que yo”.

La Posada de la Abuela

La Posada de la Abuela

Esta es una bella visión sobre la menopausia que nos ofrece Brooke Medicine Eagle, nativa norteamericana, Guardiana de la Tierra, escritora, artista, docente y sanadora, entre otras cosas. Si queréis conocerla mejor, podeis leer más sobre ella aquí

 
Les hablo como Mujer Búfalo del Norte, hermana mayor. Soy Mujer Tierra, enraizada profundamente en este suelo; soy Mujer Espíritu, portadora del Gran Misterio. Hoy vengo a hablarles de la Posada de la Abuela a aquéllas que ya estén allí y a todas las que conocen su función. Mujeres, despierten y vean, pues se aproximan a esta posada. Hombres, despierten y escuchen, pues éstas son sus mayores, guardianas de la Ley Altísima.
La Posada de la Abuela es la etapa de las mujeres de cabello blanco (sabiduría) que ya han sobrepasado el tiempo de dar el poder de su sangre y ahora la retienen como energía para sostener la Ley. Cuando elegimos rodearnos de un cuerpo terrenal, también aceptamos su responsabilidad, un don para ser compartido. Al elegir un cuerpo femenino, aceptamos la posibilidad de nutrir y renovar todas las cosas.
Nuestra herramienta es la ley única del Creador: “Estarás en buenas relaciones con todas las cosas y con todos los seres en la gran rueda de la vida”.La Ley de las Buenas Relaciones, don del Creador a las mujeres, es un conocimiento innato que abarca todos los aspectos de las relaciones. Despierta, se desarrolla y profundiza en contacto con quienes, en nuestra sociedad, la modelan.
Nuestro deber es compartir las comprensiones profundas con nuestros hermanos y familias, de modo que la armonía y la paz reinen entre nosotros.Cuando nuestras mayores atraviesan el umbral de la Posada de las Abuelas se convierten en cuidadoras de la Ley. Su atención ya no se consume en la creación de sus propias familias.
En este sentido, no tienen hijos y, según nuestras costumbres, quienes no son padre o madre de ningún hijo en particular, son padre y madre de todo hijo. Su atención se vuelve hacia los hijos de Todas Nuestras Relaciones: sus propias criaturas, las de sus amistades, clan o etnia, y las criaturas de todas las ruedas de la vida: Bípedos, Cuadrúpedos, Alados, con Aletas, los Que Crecen Verdes, y demás. Nuestra relación con el gran círculo de la vida recae en sus manos.
Ellas deben ejercer su responsabilidad modelando, enseñando y compartiendo la vivencia de dicha ley en la vida de todos los días, de modo que todos alcancen el equilibrio.En términos prácticos, para las mujeres esto significa lo siguiente: al cruzar la menopausia, se abre la oportunidad de experimentarse a sí misma de una manera renovada y profundamente poderosa. Al dejar atrás el desconcierto y el temor generados por presión cultural y al abrirse a la verdad que mora en su interior, la mujer encuentra un desafío increíble para el que está mucho mejor equipada que cualquier otro bípedo. Le es posible sentarse en consejo y usar el poder de la sangre ahora retenida para crear un mundo armonioso a su alrededor.
La sangre de luna (menstrual) de la mujer se halla entre las substancias más nutrientes y bio-energetizantes de la Tierra. Puesta sobre una planta, ésta se nutre en profundidad. Nuestras costumbres nativas proponían, durante nuestras ceremonias de siembra y nutrición de las cosechas, que las mujeres en su tiempo lunar se movieran entre las plantas y derramaran su sangre. Nuestras mujeres siempre dieron su sangre honrosamente. Se sentaban sobre el suelo y la donaban directamente o la derramaban sobre musgos que luego depositaban sobre la tierra, para nutrirle y renovarla. Se acompañaban con esta canción:
Entrego esta sangre de vida a Todas Mis Relaciones y abro mi matriz a la Luz.
Entrego esta sangre de vida a Todas Mis Relaciones y abro mi matriz a la Luz.
Entrego, entrego, entrego, entrego; abro mi matriz a la Luz.
”Vicki Noble, en el “El tambor del Chamán”.
Recuerda que ésta fue la primera sangre ofrecida en el altar, como ofrenda bendecida. Luego, cuando se dejó de honrar a las mujeres y se ignoró el poder de sus sangre dadora de vida, se recurrió a los sacrificios animales y humanos para salpicar sangre sobre el altar.
Esta es la sangre que retienes en ti cuando ya no sangras en los ciclos lunares; has dejado atrás tu tiempo lunar. Abuelas: quizás no sean conscientes de la profunda responsabilidad que ahora asumen; de saberlo, hubieran tenido la oportunidad consciente de aprender y profundizar en vosotras mismas y en la buena relación durante sus vidas, de modo de salvar a su pueblo, de modo de brindarse bien es estos años. Mujeres jóvenes que ahora leen esto, vosotras podéis ser conscientes y elegir aprender y crecer de este modo, para estar listas cuando os toque entrar a la Posada de la Abuela.
Muchas tribus y etnias recuerdan la primacía de la Ley de Buenas Relaciones y en ellas los consejos de Abuelas gozan de la más alta autoridad. Si un jefe de paz no guiaba a su pueblo por la tierra de modo que gente y animales tuvieran buena comida, agua clara y valles acogedores en tiempos de vientos fríos, las Abuelas solicitaban a otro que condujera; señalaban a alguien que contara con mejores posibilidades de llevar a cabo la tarea de nutrir y renovar la vida del pueblo. Si un jefe de guerra creaba tanta animosidad entre las tribus vecinas y la frecuencia de los ataques interrumpía el bienestar del pueblo, le pedían encontrar usos productivos, y no destructivos, para su energía.
Tal era su poder: se hacían cargo seriamente de nutrir y renovar al pueblo y actuaban en concordancia.Hoy en día, las Mujeres Búfalo nos piden que asumamos el papel que quedó vacante. Cuando observo el mundo que nos rodea, veo que todos y cada uno de los problemas que enfrentamos como Bípedos son problemas de relación, sea con los árboles de las selvas tropicales, con otros pueblos, dentro de nuestros sistemas familiares disfuncionales o en la alienación de unos con otros y con la naturaleza. Despierta el deseo de relacionarnos con nosotras mismas como co-creadoras con Todo Lo Que Existe.
Sobre estos temas se nos pide explayarnos y encarar acciones espirituales.
La Posada de la Abuela abarca todas las mujeres post-menopáusicas. Dentro de ellas se forman grupos pequeños en torno a funciones específicas. Para algunas, el cuidado de un cesto sagrado; para otras, cierta clase de curación; y para otras el mantenimiento de la senda de la belleza (arte) entre la gente. Una artesana en canasta puede pertenecer a la vez al grupo de cestería y al grupo que guarda objetos sagrados (esto último por linaje familiar). Una mujer puede pertenecer tanto a una sociedad de Danzas del Sol como a una sociedad de herboristeras.
Al comenzar a reunirse con otras, el primer grupo es pequeño y heterogéneo y se hace necesario descubrir intereses comunes, capacidades individuales y metas. Parte del tiempo juntas puede emplearse en aprendizaje y comprensión, en reuniones para compartir capacidades para meditar y escuchar las Grandes Voces Internas, para caminar sobre la Tierra o para fortalecer y tonificar el cuerpo.
Con frecuencia se me pregunta por quienes han experimentado amenorrea, menopausia temprana 0 histerectomías. Aunque no creo poseer respuestas exactas, mi propia experiencia me da algunas pautas. Lo primero que les digo es que el ritmo actividad/receptividad, acción terrena/Gran Misterio, que es el ciclo natural en sincronía con la Abuela luna, todavía resuena en las aguas de sus cuerpos, aunque no vaya acompañado de sangre externa.
Profundizan la vivencia de los ciclos lunares dentro de vosotras, ya que resulta de suma importancia para cada una y para Todas Sus Relaciones, a fin de atravesar el velo durante la sangre, ir hacia el Gran Misterio y traer visión para el pueblo. Por otra parte, muchas de nosotras, sin experimentarnos todavía como ancianas, somos llamadas a la Posada de la Abuela. Hay una necesidad urgente de despertar esta función entre las mujeres, debida al derrumbe de las culturas aborígenes y al abandono de las costumbre femeninas. Muy pocas se sientan en las Posadas y perpetúan la nutrición y renovación de sus pueblos, por lo que algunas más jóvenes somo llamadas a la Posada por medios muy diferentes.
Aceptémoslo como un honor.Finalmente, me referiré el rito de pasaje de la Posada de la Abuela. Aquellas que estén cerca de una mujer que cruza el umbral, deben honrarla y manifestarle apoyo en este tiempo de responsabilidad grande. Una meditación guiada puede ayudarla a conectarse con su propia fuente de fuerza y sabiduría. Quienes la conocen, saben qué aspectos son su fuerte.
También debe recordársele su responsabilidad en la nutrición y renovación de Todas Sus Relaciones y la Ley de Buenas Relaciones del Creador.Sé que mediante su propia experiencia, cada una profundizará su sabiduría mucho más allá de lo que pueda decirles. Recordar: la Madre Tierra, la Abuela Luna y el Padre Espíritu viven dentro de cada una de vosotras.
La mujer salvaje. Ricardo Kelmer

La mujer salvaje. Ricardo Kelmer

Su belleza es arisca, apartada de los modismos. Ella encanta por un no-sé-qué indefinible… pero también agrede la mirada. Es un tipo raro y no tiene habitat definido: vive en Catmandu, en el edificio de al lado o se trasladó ayer para Barroquinha. Y no dejó la dirección.

La mujer salvaje en casi todo es una mujer sencilla: coge el metro abarrotado de gente, aprovecha las rebajas,  saca la basura y hay días en que desiste de salir porque se ve un guiñapo (se ve… hecha un trapo). Sin embargo en todo lo que hace exhala un frescor de libertad. Y también da escalofríos: tienes la impresión de que has visto a una loba al acecho. Te asustas, miras de nuevo… y quien está allí es la mujer dulce y simpática, arreglándose el pelo, casi una niña. Pero por un segundo viste la loba, la viste sí. Es ella, la mujer salvaje.

La sociedad intenta pero no puede domesticarla, ella evita  las reglas. Cuando tú piensas que la capturó, se escapa como agua entre los dedos. Cuando piensas que finalmente la conoce, ella sorprende otra vez. Tiene el alma libre y solo se somete cuando quiere. Por eso escoge su pareja entre los que cultivan la libertad. ¿Y cómo los reconoce? Como toda loba, por el olor, por eso es bueno no abusar de los perfumes. Su movimiento tiene gracia, la mirada destila una sensualidad natural – pero, cuidado, no vayas pasándole la mano. Ella es un bicho, no te olvides. Le gusta el halago pero también araña.

Repara que hay siempre un mechón terco en su pelo: es el espíritu salvaje que sopla en su alma la refrescante sensación de estar unida a la Tierra. Es de ahí que viene su belleza y fuerza. Y su sabiduría instintiva. Sí, ella es sabia pues está en armonía con los ritmos de la Naturaleza. Por eso se conoce a si misma, sabe de sus ciclos de crecimiento y no sabotea la propia felicidad. Como todo bicho ella respeta su cuerpo pero no siempre resiste a las golosinas. ¿Una hippie del Mato, Gabriela del Charco? No necesariamente, la mayoría vive en la ciudad. Y hace días coquetea aquel vestidito negro básico de la vitrina. Y le encanta bailar en noche de luna llena. Ah, entonces es una bruja… Tal vez, ella no se interese por las etiquetas. Sabe que la inmensidad del ser no cabe en las definiciones.

A las mujeres les gusta hacer misterio. Ella no, ella es el misterio. Por una razón simple: la mujer salvaje sabe que la vida es una cosa asombrosa y perfecta y vivir  el más sagrado de los rituales. Ella siente las estaciones y se mueve de acuerdo con los vientos,  riendo de la lluvia y llorando con los ríos que mueren. Colecciona piedritas, habla con plantas y de una hora a otra quiere quedarse sola, no insistas. No, ella no es una esotérica deslumbrante pero vive deslumbrándose: con las heroínas de las películas, aquella librería nueva, el CD de aquel cantante… Ella se apasiona, sueña despierta y tiene insomnio por amor. Las injusticias del mundo la angustian pero ella respira  profundo y renueva su fe en la humanidad. Lucha todos los días por sus sueños, adormece en medio de preguntas sin respuestas y se levanta con el susurro de las mañanas en su oído, un día más, perfecto para celebrar el inmenso misterio de estar vivo.

Ella equilibra en si cultura y naturaleza, moviéndose bella y poética entre los dos extremos de la humana condición. Ella es rara, sí, pero no es una aberración, un desvío evolutivo. Por el contrario: ella es la más arquetípica y genuina expresión de la feminidad, la eterna celebración del sagrado femenino. Ella está ahí en las calles, todos los días. La mujer salvaje todavía sobrevive en todas las mujeres pero la mayoría tiene miedo y la mantienen enjaulada. Ella es lo que todas las mujeres son, siempre lo fueron, pero la gran mayoría se olvidó.

Felizmente algunas lo recuerdan . Fueron incomprendidas, sí, pero lamieron sus heridas y encontraron el camino de vuelta a su propia naturaleza. Esta crónica es un homenaje a ella, la mujer salvaje, el tipo que fascina a los hombres que no tienen miedo de la femineidad . Ellos se  ponen un poco nerviosos, es verdad, cuando de repente se ven delante de un especimen de estos. Por eso es que a veces suben corriendo al primer árbol. Pero es normal. Después se bajan, se aproximan desconfiados, cambian los olores y ahí… Bueno, ahí la Naturaleza sabe lo que hace.

TRADUÇÃO: Candice Graziani, candicegraziani(arroba)ig.com.br. Revisão: Carla Rocha.