Diosas vulnerables

En primer lugar, quiero dejar claro que dioses y diosas son arquetipos psicológicos presentes tanto en hombres como en mujeres, aunque de forma general, predominan las diosas en las mujeres y los dioses en los hombres. Los arquetipos no se limitan al género biológico, sino que son maneras de clasificar diferentes comportamientos y actitudes vitales, presentes en todos los seres humanos. Sin embargo, por una cuestión de comodidad, hablo de mujeres y maridos, esposos y esposas… pero es una convención lingüística. La realidad es mucho más amplia. Sentíos libres de cambiar el vocabulario a vuestro antojo, y referíos a esposa-esposa, marido-marido… y sentid que una diosa puede definir a un hombre y un dios a una mujer sin ningún problema.

HERA: DIOSA DEL MATRIMONIO Y EL COMPROMISO

Representa el instinto hacia el matrimonio, es la mujer que desea casarse. Este arquetipo proporciona la capacidad de vincularse, ser fiel y atravesar dificultades con una pareja: el compromiso incondicional.

Para ella, el matrimonio significa la satisfacción de la necesidad interna de estar en pareja, el reconocimiento externo de su estado civil, la aceptación social de su papel de esposa y el esfuerzo por conseguir la totalidad y ya desde niña juega a papás y mamás. Se sentirá incompleta sin una pareja, de la que es emocionalmente dependiente hasta el punto de que desplaza la culpa de su pareja sobre los demás. Idealizan al hombre y se enfadan con él si no responde a sus expectativas, sintiéndose herida. Reacciona a la pérdida y el dolor con rabia. La venganza la hace sentir poderosa en vez de rechazada. Su marido es el centro de su vida, hasta el punto de que prefiere estar con su esposo antes que con amigas, incluso le elegirá a él por delante de sus hijos. El trabajo es algo secundario. Su felicidad depende de la implicación real de su pareja en la relación, del amor y la atención que le dedique y de la importancia que él de al matrimonio. Si no es muy importante para el marido, ella no se sentirá completamente llena y puede sentirse infeliz. Puede empeorar un matrimonio con dificultades por culpa de su posesividad y celos. Sexualidad y matrimonio van juntos. Puede utilizar el matrimonio como un modo de escapar de un entorno familiar desagradable. Su vida como viuda dependerá de la influencia de otros arquetipos, que siempre estarán subordinados al papel de la esposa. Este arquetipo puede limitar el desarrollo personal, por lo que debe alinearse con otras diosas, confiar en el apoyo y fidelidad de la pareja, utilizar el trabajo, mental o manual, como instrumento para sublimar la rabia y aceptar la realidad en lugar de negarla. Aunque el matrimonio es el ideal de Hera, la mujer que posea esta influencia no debe permitir que prevalezcan los intereses de la pareja sobre los suyos, debe desarrollar otros aspectos de su vida. Una mujer Hera que ha sido rechazada o que ha sufrido un divorcio, debe comprender que su vida no gira en torno a un único hombre y convertirse de nuevo en una doncella lista para recibir a su próximo amado.

Esta necesidad de unión también tiene un aspecto místico. Cuando alcanza una unión intensa y maravillosa con el ser que ama, siente realizada su Hestia interna. Pero ante una decepción de su pareja, reaccionará con rabia y ansias de venganza.

DEMÉTER: DIOSA DE LAS COSECHAS. NUTRIDORA Y MADRE.

Arquetipo de la madre realizado a través del embarazo o el suministro de alimento físico, psicológico o espiritual. Cuando es el arquetipo dominante, una mujer anhela ser madre y esa será la función más importante de su vida. Motiva a nutrir a los demás, a ser generosa, a dar y satisfacerse como cuidadora o proveedora. El papel de madre no se restringe exclusivamente a tener hijos, también puede expresarse a través de profesiones de ayuda o cuidados (docencia, guarderías, consejeras, psicóloga…), como madre biológica o nodriza, o alimentando a los demás, cocinando, por ejemplo. Obstinación, paciencia y perseverancia son sus cualidades. No cede cuando está en juego el bienestar de sus hijos, se esforzará por ser más paciente y perseverante en beneficio de éstos. Si se siente frustrada, su reacción tiende a la depresión. El sentimiento de pérdida la obsesiona y limita, deteniendo su crecimiento psicológico. El aspecto destructivo se expresa reteniendo lo que otros necesitan, por ejemplo, aprobación. Es protectora, útil y generosa. Como madre, puede ser estupenda o terrible, pero tiende a ser absorbente, ya que se vuelve controladora para proteger a sus hijos y se sienten culpables de cualquier cosa que les pase. Se mantiene fuerte cuando algo o alguien importante para ella está implicado. El vínculo más poderoso es el que la califica como madre. No compite con otras mujeres por hombres o logros. Crean familias con un modelo patriarcal. Su pareja ideal es un hombre inmaduro, que la necesite, pero ella a quien necesita es a un hombre maduro, padre de familia y capaz de cuidar de ella. No posee un fuerte impulso sexual, le llenan más las muestras de afecto. Su prioridad no es el matrimonio, sino la maternidad. Son madres absorbentes, limitan la independencia, creen ser capaces de proteger a sus hijos de todo. Otro modelo negativo es el de la madre que lo da todo. Es una mujer consentidora que sobreprotege a los suyos. Incapaz de decir “no”, puede mostrase pasivo-agresiva. La mediana edad supone una crisis. La vejez puede ser gratificante o sentir sus esperanzas frustradas. Debe aprender a decir no, abandonar su necesidad de mantener dependientes a los demás. Expresa inconscientemente su hostilidad con una conducta no complaciente, debe aprender a expresar la cólera en vez de reprimirla. Tiene que aprender a centrar en sí misma la preocupación por cuidar a los demás.

PERSÉFONE: LA HIJA COMPLACIENTE. MUJER RECEPTIVA.

Predispone a ser complaciente en la acción y a tener una actitud pasiva. Tiene dos aspectos: doncella-hija y mujer-reina. Como doncella, es la eterna adolescente que no es consciente de sus deseos y sus propias fuerzas y espera que alguien o algo transforme su vida, porque ella permanece indecisa en cuanto a qué hacer o cómo ser. Como hija, quiere agradar a su madre, ser buena chica, prudente y apartada de cualquier experiencia que suponga un riesgo. Su receptividad innata la hace muy maleable. La sexualidad no está despierta, ni siquiera es consciente de su atractivo sexual. Es la vitalidad y el potencial para un nuevo crecimiento, es receptiva al cambio y joven en espíritu. El camino del crecimiento para Perséfone es pasar de ser la doncella inocente a la diosa de las profundidades, debe volverse una mujer sexual y apasionada por la vida y por lo que hace. Para cultivarla, hay que atribuir un valor positivo a la receptividad. De niña, es tímida, observa antes de participar, sabe escuchar sin juzgar, hará lo que agrade a los demás, su receptividad innata la hace muy adaptable. Debe aprender a confiar en su vía interior para saber lo que quiere. El trabajo no es importante, suele aplazar las tareas hasta el último momento. Si madura, entra en un campo creativo, psicológico o espiritual. Se relaciona con mujeres jóvenes como ella. Atrae hombres jóvenes e inexpertos como ella, a hombres rudos a los que les gusta la inocencia y la fragilidad, y a hombres que se sienten incómodos con mujeres maduras. A través de su relación con un hombre, puede intentar librarse de una madre dominante. Se pone guapa para él, se adapta a sus deseos y hace lo que a él le gusta, es incapaz de expresar lo que ella misma desea, en muchas ocasiones porque ni siquiera lo sabe. El despertar de su sexualidad tiene un efecto positivo en su autoestima. Es llevada al matrimonio por la insistencia del hombre y el condicionamiento cultural, pero es una situación no buscada de transformación, que activa otros arquetipos. A veces, su compromiso con un hombre es parcial, se casa con reservas. Si no se activa Deméter, no se sentirá madre. En la mediana edad puede deprimirse si ve sus sueños fuera ya de su alcance. Intentará mantener la ilusión de juventud. Es fácilmente dominada por los demás y carece de dirección e impulso. No se compromete. Tiene todo el tiempo para decidirse, espera hasta que algo le haga actuar o la situación cambie, porque es flexible. Consiguen lo que quieren de manera indirecta (momento oportuno, adulación, indefensión). Evitan el enfado porque no quieren que nadie se enfade con ellas. Intenta ganarse los favores de quien considera con más poder. Puede ser narcisista. No expresa su rabia ni intenta cambiar la situación, se guarda sus sentimientos negativos y se deprime, retrayéndose a su mundo, al que también va cuando el mundo le parece difícil o exigente. A veces, puede caer en la psicosis. Al sentirse indefensa y dependiente, puede aprender a conseguir lo que quiere de manera indirecta, esperando el momento oportuno para actuar o utilizando la mentira y la adulación, manipulando. Es la diosa menos segura de sí misma, pero también la que presenta más vías posibles para su crecimiento porque es muy adaptable. Para crecer, debe aprender a comprometerse, permanecer en un compromiso, enfrentar la vida, cuidar de sí misma, sentir la sexualidad, desarrollar cualidades religiosas.

Perséfone tiene un segundo aspecto, el de reina del mundo subterráneo. Cuando crece a través de la experiencia, se convierte en alguien capaz de conectar con el inconsciente, con el mundo psíquico más profundo. Es capaz de unir ambos mundos y de guiar a otras personas a comprender y hacer visible su mundo oculto. Es el arquetipo que produce una conexión con el lenguaje simbólico, los rituales, la locura, las visiones o la experiencia mística.  Cuando descubre esa capacidad para entender el mundo interno, aprende a confiar en su propia intuición. Esto le ayuda a tomar decisiones según su parecer, aunque le cueste, ya que es de natural indeciso.

Arquetipos basados en divinidades. Introducción

La cuestión de los arquetipos femeninos (y masculinos) no es unívoca. Hay muchas maneras de identificar diferentes tipos de personalidad. Lo único en lo que coinciden todos los sistemas es en que no hay una mujer absolutamente típica, en todas se presentan numerosas variantes, muchas posibilidades abiertas en nuestro interior, dispuestas a actuar en el momento en que sean más necesarias. Incluso hay facetas escondidas que en muchas ocasiones no somos capaces de ver y que, cuando surgen al exterior, nos sorprenden, confunden e incluso asustan. Todos los patrones están presentes, algunos activos, otros, que se activan en un momento específico. Por otra parte, nacemos con una personalidad que compagina con alguno de los arquetipos conocidos; junto a esto, el entorno familiar, cultural y social apoya unos y suprime otros.

Quizá una de las clasificaciones más conocidas sea la que J.S. Bolen presenta en sus libros Las diosas de cada mujer y Los dioses de cada hombre. Ella se basa en la mitología griega para representar y clasificar las distintas cualidades humanas a través de sus divinidades. Aunque hoy no se estudie como antes y por lo tanto sea bastante desconocida para la mayoría, las antiguas Grecia y Roma impregnan nuestra cultura y siguen mucho más presentes en nuestro mundo occidental de lo que creemos. Sin embargo, aunque no pasen de ser “bonitos cuentos”, los mitos, procedan de donde procedan, resuenan en nuestro interior porque reflejan verdades universales. Pero esta idea está más detallada en los siguientes enlaces:

https://espiraldeluna.wordpress.com/2012/01/21/mito-cuento-y-arquetipo/

https://espiraldeluna.wordpress.com/2012/01/28/234/

ARQUETIPOS DE LAS DIOSAS VÍRGENES

Expresan la necesidad de autonomía en las mujeres y la capacidad de centrar su conciencia en lo que tiene sentido personalmente para ella. Son Artemisa (diosa de la caza y la luna), Atenea (diosa de la sabiduría y la artesanía) y Hestia (diosa del hogar). Representan los aspectos independientes, activos y de no-relación enfocados hacia fuera, al logro, a la actitud de ir directamente a los objetivos y el pensamiento lógico (Atenea y Artemisa) o bien, hacia adentro, hacia el centro espiritual de la personalidad (Hestia). La mujer se siente completa en sí misma, sigue sus propios valores internos, sin importarle lo que piensen los demás. Es independiente, competente y autosuficiente. Concentra su atención en lo que es importante para ella. Esta concentración puede llegar a separarlas de su vida emocional e instintiva, con lo que los apegos emocionales no la desvían de sus pretensiones. Si una mujer siente que la parte que hace afirmaciones con fuerza es algo ajeno a sí misma, es su ánimus masculino, la energía masculina de su espíritu. Cuando las cualidades se sienten como algo intrínseco a la mujer, es una diosa, el ánima, la energía femenina, la que está actuando.

Patrones:

Artemisa: separación de los hombres

Atenea: identificación con los hombres

Hestia: alejamiento de los hombres

ARQUETIPOS DE LAS DIOSAS VULNERABLES

Son personalidades orientadas hacia las relaciones, de las que depende su identidad y bienestar. Son Hera (diosa del matrimonio), Deméter (diosa de las cosechas) y Perséfone (diosa del Inframundo). Expresan la necesidad de afiliación y vinculación. La atención está puesta en los demás, están armonizadas con otras personas. En su vida, suele haber una fase feliz, de realización, una fase de víctima (sufrimiento al romperse una relación afectiva) y una fase de restablecimiento y transformación. Esto supone una evolución que puede proporcionar a la mujer una comprensión interna de su naturaleza, pautas de las reacciones que deben abandonarse y el potencial para el crecimiento interno mediante el sufrimiento inherente a cada tipo.

Patrones:

Hera: esposa

Deméter: madre

Perséfone: hija

ARQUETIPO DE LA DIOSA ALQUÍMICA

Representada por Afrodita, diosa del amor y la belleza. Valora la experiencia emocional con los demás más que su independencia o que los vínculos afectivos. Busca consumar relaciones y generar nueva vida a través de la relación física o de un proceso creativo. Entabla relaciones por decisión propia y no es victimizada por los demás. Su conciencia está centrada, pero a la vez es receptiva. Se dirige hacia su punto de atención al tiempo que capta todos los detalles, implicaciones, etc. que ese punto le sugiera. Transmite pasión y optimismo por la vida, el trabajo, las relaciones y las personas. Sus esperanzas positivas tienen un gran poder sobre la conducta de los demás (efecto Pigmalión). Mantiene su autonomía como diosa virgen a la vez que tiene relaciones como diosa vulnerable. Motiva a la mujer a perseguir intensamente las relaciones más que la permanencia, a valorar el proceso creativo y a estar abierta al cambio.

  • Efecto Pigmalión: Pigmalión fue un rey mítico de Chipre que creó la estatua de su mujer ideal. Tan hermosa le pareció que acabó enamorándose de su belleza. Tanto lo deseaba que acabó por pedir a Afrodita que le concediera la dicha de encontrar una esposa tan bella como su estatua. La diosa, escuchando sus ruegos, dotó de vida a la estatua, convirtiéndola en una mujer real, a la que llamaron Galatea, con la que Pigmalión se desposó. En psicología se llama “efecto Pigmalión” o “realización automática de las predicciones” al fenómeno consistente en que, cuando alguien anticipa un hecho, existen muchas probabilidades de que se cumpla. Para que ello ocurra se requieren tres aspectos: creer firmemente, tener la expectativa de que se va a cumplir y acompañarlo con mensajes que animen dicho cumplimiento. Este fenómeno se da cuando hay relaciones de dependencia entre las personas. El que está en posición principal anima (o desanima, pues también existe un aspecto negativo) al otro. Quien se haya en posición inferior se adapta, a veces inconscientemente, a lo que se espera de él o ella.

Arquetipos mitológicos en psicología (J.S.Bolen)

Jean Shinoda Bolen es doctora en Medicina, analista junguiana y profesora de Psiquiatría Clínica en la Universidad de California. De toda su obra, voy a centrarme en dos libros: Las diosas de cada mujer y Los dioses de cada hombre.

Todas y todos somos protagonistas individuales de nuestras vidas. Tomamos opciones conscientes, decidimos, sopesamos pros y contras, nos dejamos llevar por impulsos. Pero somos inconscientes de los poderosos efectos que tienen los estereotipos culturales, así como de las influencias que tienen  sobre nuestros actos y sentimientos determinados patrones internos, los llamados arquetipos, que son, a su vez, responsables de las principales diferencias entre las mujeres y entre los hombres. Los estereotipos pueden limitar el potencial humano y la forma natural de ser, puesto que recompensa algunas cualidades y rechaza otras. Junto a ello, los valores y creencias de las personas están modelados por la cultura, que se refleja en las leyes y en las costumbres.

Bolen ofrece en sus dos libros una perspectiva psicológica que combina los arquetipos internos con los estereotipos de la conformidad-exigencia, tratando de comprender dónde residen nuestros conflictos y de qué modo podemos alcanzar mejor la plenitud. Para ello, se basa en imágenes arquetípicas representadas por divinidades griegas. Aunque una sea la dominante, existen muchas diosas y dioses en cada mujer y hombre. Hablar de diversidad de modelos constituyó un planteamiento novedoso frente a las teorías extendidas que definen la normalidad como la adaptación a  un patrón único de personalidad. Los dioses y las diosas representan diferentes cualidades de la psique humana. Las deidades tanto masculinas como femeninas están presentes en cada persona en forma de arquetipos, aunque en general los dioses son los determinantes más fuertes y con más influencia en la personalidad del hombre, así como las diosas lo son en la de la mujer.

El conocimiento de los arquetipos proporciona medios para que cada persona se entienda a sí misma y sus relaciones con los demás, así como para conocer lo que es motivador, frustrante o satisfactorio para cada cual. Los patrones ayudan a explicar las diferencias de personalidad, el potencial de las dificultades psicológicas y las maneras en que puede evolucionar una mujer o un hombre.

Las mujeres están influidas por poderosas fuerzas internas, o arquetipos, que pueden ser personificadas por las diosas griegas. Las diosas son fuerzas poderosas e invisibles que moldean la conducta e influyen en las emociones. Y las fuerzas externas o estereotipos (papeles a los que la sociedad espera que la mujer se adapte) refuerzan algunos patrones y reprimen otros. Así, la mujer se ve impulsada desde dentro y desde fuera. Cuando se vuelve consciente de las fuerzas que influyen en ella, obtiene el poder que proporciona el conocimiento de la fuerza de los instintos, las prioridades y capacidades y las posibilidades de encontrar un propósito personal a través de las opciones tomadas.

Evidentemente, este planteamiento también es válido para los hombres y sus dioses.

Los patrones internos afectan también a las relaciones con los hombres, porque ayudan a explicar dificultades y afinidades con ellos e influyen en la selección y estabilidad de las relaciones. Y, por supuesto, también repercuten en cualquier tipo de relación: padre/madre-hija/hijo, hermanos/hermanas, etc.

Cada arquetipo se asocia a un don y a conflictos potenciales. Saber qué dioses o diosas actúan en cada persona es útil para conocer qué opciones o caminos son más satisfactorios, cuáles son los puntos fuertes y los débiles y dónde puede encontrar ayuda. Bolen nos anima a reconocer el patrón que nos rige a cada una para tratar de realizarse a través de él.

MITO, CUENTO Y ARQUETIPO

Cuento: “relato, generalmente indiscreto, de un suceso”, “relación, de palabra o por escrito, de un suceso falso o de pura invención” y “narración breve de ficción”.
En contra de lo que nos pudiera parecer, un cuento no es un simple medio para entretener a los niños. Son relatos de sabiduría profunda e intemporal que aportan valores morales envueltos en historias divertidas y apasionantes. Por eso, desde hace unos años, el cuento se está empleando como material de estudio en psicología, desentrañando las enseñanzas contenidas en ellos para que sirvan como apoyo y aprendizaje en el auto-conocimiento. Muestra de ello son obras como las de Jorge Bucay y  Alejandro Jodorowsky,  entre otros. Me gustaría destacar el libro de Clarissa Pinkola Estés, Mujeres que corren con los lobos, del que hablaré en otro momento.

Según el Diccionario de la  Real Academia de la Lengua, mito es “narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad.” Pero en su segunda acepción podemos leer “historia ficticia o personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal”. Esta definición es la más interesante a efectos de interpretación simbólica y psicológica. Los mitos están repletos de símbolos que conectan con lo más profundo del subconsciente colectivo y, por ello, también con el propio.
Mircea Eliade (estudioso de las religiones y de los mitos) en su obra Mito y realidad explica que el mito “cuenta una historia sagrada, relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial. Es, pues, siempre el relato de una creación: se narra cómo algo ha sido producido, ha comenzado a ser. El mito no habla de lo que ha sucedido realmente, de lo que se ha manifestado plenamente. Los personajes de los mitos son Seres Sobrenaturales. Se les conoce sobre todo por lo que han hecho en el tiempo… relatan los acontecimientos primordiales a consecuencia de los cuales el hombre ha llegado a ser lo que hoy es. Cuanto relatan los mitos concierne a los seres humanos directamente, mientras que los cuentos y fábulas se refieren a sucesos que, incluso cuando han aportado cambios en el mundo, no han modificado la condición humana en cuanto tal”. Al conocer el mito, se conoce el origen de las cosas, y a su vez, este conocimiento es el que permite revivir ese primer momento. Refiere una historia sagrada, por lo tanto verdadera y en un tiempo primordial, el tiempo de los orígenes, extra-temporal y a-histórico, en el cual los sucesos se repiten periódicamente, simbolizando con frecuencia acontecimientos cíclicos observables en la naturaleza. De esta periodicidad da cuenta la particular estructura cíclica, circular, del relato mítico. El mito representa una historia simbólica cuya alegoría se refiere a acontecimientos de la naturaleza y de la vida del ser humano que se repiten constantemente (la muerte, el ciclo de las estaciones). Otras veces, el mito representa una explicación sobre el origen del mundo y es un sustento de la cosmovisión de una cultura. Me parece igualmente interesante aportar la opinión del analista junguiano Robert Johson (Ella: para entender la psicología femenina) al respecto de los mitos: “son fuentes para la indagación psicológica. Se trata de historias producidas por la imaginación y la experiencia de una era y una cultura íntegras: pueden verse como la destilación de los sueños y las experiencias de toda una cultura. Parecen desarrollarse gradualmente a medida que emergen, se elaboran ciertos motivos y finalmente se redondean mientras la gente cuenta y recuenta las historias que atrapan y sostienen su interés. Así, temas que son precisos y universales se mantienen vivos, al tiempo que se disuelven los elementos particulares de individuos específicos o de un período particular. Por consiguiente, los mitos registran una imagen colectiva; nos hablan sobre cosas que son verdaderas para toda la gente”

Los mitos evocan sentimientos e imaginación y tocan temas que forman parte de la herencia colectiva de la humanidad. En ellos hay una resuenan verdades sobre la experiencia humana compartida, incluso cuando no los comprendemos, dado su valor simbólico. A través de esos símbolos, el mito emite algo que es importante para la persona, que capta algo y ve una verdad a través de ellos.

Y ¿qué es un arquetipo? El DRAE lo define como “modelo original y primario en un arte u otra cosa”. Esto también incluye la “representación que se considera modelo de cualquier manifestación de la realidad” A nivel psicológico los arquetipos son “imágenes o esquemas congénitos con valor simbólico que forman parte del inconsciente colectivo”. Por último, también leemos el siguiente significado: “tipo soberano y eterno que sirve de ejemplar y modelo al entendimiento y a la voluntad humanos”
Como hemos visto, los mitos se convierten en arquetipos en cuanto a su valor simbólico y las alegorías que encierran, las cuales forman parte del inconsciente colectivo de toda una cultura, sociedad o pueblo. Junto a esto, son ejemplos y modelos de explicación, comportamiento, origen y demás que permiten al ser humano entender su mundo y ajustarlo a esos modelos de la realidad que representan.

Por todo esto, al hablar de dioses y diosas, nos referimos a fuerzas arquetípicas del inconsciente colectivo, a factores psíquicos que influyen y condicionan nuestra realidad. Y como los mitos griegos entroncan directamente con la base de nuestra cultura, son una gran ayuda para comprender quiénes somos, cómo y por qué actuamos, sentimos, vivimos, de una determinada manera. Aunque esta forma de trabajar uniendo mitos y psicología no es nueva, le debemos su popularización a Jean Shinoda Bolen con sus dos magníficos libros Las diosas de cada mujer y Los dioses de cada hombre, que analizaré en sus correspondientes posts.

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Advanced Moon Mother formada por Miranda Gray, Terapeuta Esencial y Master en Flores de Bach por el Centro Edward Bach de Madrid, EFT, Maestra de Reiki Usui Tibetano.

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Mujer de Luna

Esta aventura comenzó como Historias en Espiral, una nube de textos que se entretejían formando un viaje hacia el interior. Se transformó en Mujer de Luna cuando el viaje se llenó de energía y esencia femenina conectada con la Luna y nuestro útero. ¿En qué estación del viaje estás tú?

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