MITO, CUENTO Y ARQUETIPO

Cuento: “relato, generalmente indiscreto, de un suceso”, “relación, de palabra o por escrito, de un suceso falso o de pura invención” y “narración breve de ficción”.
En contra de lo que nos pudiera parecer, un cuento no es un simple medio para entretener a los niños. Son relatos de sabiduría profunda e intemporal que aportan valores morales envueltos en historias divertidas y apasionantes. Por eso, desde hace unos años, el cuento se está empleando como material de estudio en psicología, desentrañando las enseñanzas contenidas en ellos para que sirvan como apoyo y aprendizaje en el auto-conocimiento. Muestra de ello son obras como las de Jorge Bucay y  Alejandro Jodorowsky,  entre otros. Me gustaría destacar el libro de Clarissa Pinkola Estés, Mujeres que corren con los lobos, del que hablaré en otro momento.

Según el Diccionario de la  Real Academia de la Lengua, mito es “narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad.” Pero en su segunda acepción podemos leer “historia ficticia o personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal”. Esta definición es la más interesante a efectos de interpretación simbólica y psicológica. Los mitos están repletos de símbolos que conectan con lo más profundo del subconsciente colectivo y, por ello, también con el propio.
Mircea Eliade (estudioso de las religiones y de los mitos) en su obra Mito y realidad explica que el mito “cuenta una historia sagrada, relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial. Es, pues, siempre el relato de una creación: se narra cómo algo ha sido producido, ha comenzado a ser. El mito no habla de lo que ha sucedido realmente, de lo que se ha manifestado plenamente. Los personajes de los mitos son Seres Sobrenaturales. Se les conoce sobre todo por lo que han hecho en el tiempo… relatan los acontecimientos primordiales a consecuencia de los cuales el hombre ha llegado a ser lo que hoy es. Cuanto relatan los mitos concierne a los seres humanos directamente, mientras que los cuentos y fábulas se refieren a sucesos que, incluso cuando han aportado cambios en el mundo, no han modificado la condición humana en cuanto tal”. Al conocer el mito, se conoce el origen de las cosas, y a su vez, este conocimiento es el que permite revivir ese primer momento. Refiere una historia sagrada, por lo tanto verdadera y en un tiempo primordial, el tiempo de los orígenes, extra-temporal y a-histórico, en el cual los sucesos se repiten periódicamente, simbolizando con frecuencia acontecimientos cíclicos observables en la naturaleza. De esta periodicidad da cuenta la particular estructura cíclica, circular, del relato mítico. El mito representa una historia simbólica cuya alegoría se refiere a acontecimientos de la naturaleza y de la vida del ser humano que se repiten constantemente (la muerte, el ciclo de las estaciones). Otras veces, el mito representa una explicación sobre el origen del mundo y es un sustento de la cosmovisión de una cultura. Me parece igualmente interesante aportar la opinión del analista junguiano Robert Johson (Ella: para entender la psicología femenina) al respecto de los mitos: “son fuentes para la indagación psicológica. Se trata de historias producidas por la imaginación y la experiencia de una era y una cultura íntegras: pueden verse como la destilación de los sueños y las experiencias de toda una cultura. Parecen desarrollarse gradualmente a medida que emergen, se elaboran ciertos motivos y finalmente se redondean mientras la gente cuenta y recuenta las historias que atrapan y sostienen su interés. Así, temas que son precisos y universales se mantienen vivos, al tiempo que se disuelven los elementos particulares de individuos específicos o de un período particular. Por consiguiente, los mitos registran una imagen colectiva; nos hablan sobre cosas que son verdaderas para toda la gente”

Los mitos evocan sentimientos e imaginación y tocan temas que forman parte de la herencia colectiva de la humanidad. En ellos hay una resuenan verdades sobre la experiencia humana compartida, incluso cuando no los comprendemos, dado su valor simbólico. A través de esos símbolos, el mito emite algo que es importante para la persona, que capta algo y ve una verdad a través de ellos.

Y ¿qué es un arquetipo? El DRAE lo define como “modelo original y primario en un arte u otra cosa”. Esto también incluye la “representación que se considera modelo de cualquier manifestación de la realidad” A nivel psicológico los arquetipos son “imágenes o esquemas congénitos con valor simbólico que forman parte del inconsciente colectivo”. Por último, también leemos el siguiente significado: “tipo soberano y eterno que sirve de ejemplar y modelo al entendimiento y a la voluntad humanos”
Como hemos visto, los mitos se convierten en arquetipos en cuanto a su valor simbólico y las alegorías que encierran, las cuales forman parte del inconsciente colectivo de toda una cultura, sociedad o pueblo. Junto a esto, son ejemplos y modelos de explicación, comportamiento, origen y demás que permiten al ser humano entender su mundo y ajustarlo a esos modelos de la realidad que representan.

Por todo esto, al hablar de dioses y diosas, nos referimos a fuerzas arquetípicas del inconsciente colectivo, a factores psíquicos que influyen y condicionan nuestra realidad. Y como los mitos griegos entroncan directamente con la base de nuestra cultura, son una gran ayuda para comprender quiénes somos, cómo y por qué actuamos, sentimos, vivimos, de una determinada manera. Aunque esta forma de trabajar uniendo mitos y psicología no es nueva, le debemos su popularización a Jean Shinoda Bolen con sus dos magníficos libros Las diosas de cada mujer y Los dioses de cada hombre, que analizaré en sus correspondientes posts.

Ariadna

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Cuentan las abuelas…

Que un día, el gran héroe Teseo llegó desde su patria, Atenas, a la fértil isla de Creta, fértil a la par que temida por los atenienses. Pues su rey exigía un tributo de 7 jóvenes y 7 doncellas para calmar la ira del monstruoso Minotauro que vivía recluido en su laberinto, del que nadie que entrara era capaz de salir.

Teseo, fuerte, bello, seguro de sí mismo… todo un hombre. La dulce princesa Ariadna se enamoró de él y decidió ayudarlo en su empresa. Para ello, le entregó un ovillo cuyo hilo, al irse desenredando, iría señalando el camino a recorrer. De este modo, Teseo llegó al centro del Laberinto. Derrotó a la oscura figura del hombre-toro, el salvaje y desdichado Minotauro. Y deshizo sus pasos, volviendo de ese lugar intrincado al mundo real, a la luz, al reencuentro con la mujer que había permitido su salvación.

Enamorados (o quizá, enamorada y agradecido) y sabiendo que la traición de Ariadna no quedaría sin castigo por parte de su padre, decidieron salir juntos de la isla. Y así, navegaron incontables días, felices en su viaje.

Pero los dioses son caprichosos, envidiosos y enamoradizos. Y Ariadna se vio abandonada por su amado Teseo en una isla en la que habían hecho escala. No se sabe bien por qué, hay  demasiadas versiones. Siempre las hay, tantas como personas implicadas. Finalmente, un dios la hizo su esposa, Dioniso. El resto… es otra historia

ARIADNA

Yo soy el viaje hacia tu centro
y soy tu centro.
Yo soy la red y el hilo.
Soy la araña mágica
que teje y desteje
su propia vida
desde su propia sustancia.
Sigue mis huellas
y nunca te perderás…

Sandra Román. Los rostros de la Diosa

Os presento a la figura de la mítica heroína Ariadna, sin cuya ayuda el gran héroe Teseo se las hubiera visto y deseado para vencer al Minotauro y escapar del Laberinto. Su historia está llena de símbolos y la podéis leer en cualquier buen libro de mitología.

 El laberinto es un símbolo arquetípico que aparece en diversas culturas a lo largo del tiempo. Entendido en cada momento según los parámetros filosóficos o religiosos del lugar, en todas partes hay un lugar común: el laberinto es el camino lleno de pruebas y obstáculos que se deben ir superando para poder alcanzar el destino final. Permite el acceso al centro, bien sea espiritual, bien sea el interior de uno mismo (el alma, el inconsciente) por medio de un viaje iniciático que no puede superar quien no esté lo suficientemente preparado. El que lo recorre, a través de las pruebas que encuentre (vueltas y recodos del camino), se va mostrando como alguien digno de acceder a la revelación del misterio oculto en él. Este trayecto lo convierte en un iniciado. Pero, al mismo tiempo, el laberinto supone una defensa para esconder e impedir que escape de él una fuerza maléfica, aquella parte nuestra que escondemos incluso de nosotros mismos. Y ahí es donde aparece el Minotauro.

 Este ser encarna el lado oscuro y salvaje del ser humano, la sombra que todos queremos ocultar y a la que tenemos que enfrentarnos tarde o temprano. Está ahí, como el toro, esa energía salvaje e indómita, una gran fuerza de la naturaleza, a la vez potente y descontrolada. Se le ofrecen sacrificios al monstruo con el objetivo de engañarle para calmar su ira. Sin embargo, en lugar de eso, solo conseguimos que cada vez pida más y más. Del mismo modo, esa sombra que tratamos de no ver y a la que creemos calmar dándole la espalda o cayendo en juegos de auto-engaños, auto-sabotaje y otros por el estilo, sigue ahí, engullendo todo lo que le damos y creciendo a nuestra costa. La única manera de descubrir y vencer a la sombra es iluminándola.

 En algunas versiones del mito, Ariadna proporciona a Teseo no sólo el consabido hilo. También le ofrece una corona luminosa. El combate contra el Minotauro no puede ser victorioso si no es con la ayuda de la luz, que ilumina los rincones oscuros del Laberinto. Éste es  la oscuridad, la confusión, a la que la corona de Ariadna pone luz, aporta el aspecto espiritual, el conocimiento. El hilo es el nexo de unión entre los dos mundos. El  real, el de la luz, el visible y lógico, por un lado. Por el otro, el mundo de la oscuridad, de los monstruos de la razón, el de las profundidades y de lo irracional. Ahí es donde Teseo se atreve a entrar, supera los obstáculos, mata al monstruo y regresa victorioso. La energía, la fuerza, el hombre. Pero no lo consigue solo. Necesita la guía, la ayuda y la protección de Ariadna, que, como mujer, está más capacitada para penetrar en el mundo del misterio y lo irracional.

 Hombre y mujer trabajando juntos, en comunión por un bien común, y utilizando cada uno las armas que mejor sabe manejar. Dos energías diferentes, pero complementarias y necesitadas la una de la otra para poder funcionar. En este punto, creo que es necesario aclarar que “hombre” y “mujer” son términos que designan una realidad biológica. Pero cada uno de ellos lleva en su interior ambas energías, ambas potencialidades. Es el yin y el yang, las dos polaridades, el ánima y el ánimus de Jung. Todas nosotras tenemos el espíritu masculino alentando en nuestro interior. Así como todos vosotros contenéis cualidades femeninas. La diferencia entre los seres está en el grado de desarrollo y compenetración de ambas energías.

 Historias que sirvan para ejemplificar esto hay muchas. Pero me cae bien Ariadna, qué le vamos a hacer.

@espiraldeluna

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Elena

Elena

Advanced Moon Mother formada por Miranda Gray, Terapeuta Esencial y Master en Flores de Bach por el Centro Edward Bach de Madrid, EFT, Maestra de Reiki Usui Tibetano.

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Mujer de Luna

Esta aventura comenzó como Historias en Espiral, una nube de textos que se entretejían formando un viaje hacia el interior. Se transformó en Mujer de Luna cuando el viaje se llenó de energía y esencia femenina conectada con la Luna y nuestro útero. ¿En qué estación del viaje estás tú?

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